La cola para subir al Arco de Triunfo era rápida y bien organizada para que subas andando, pero una amable asistente nos invitó junto a una pareja judía con un bebé a subir en ascensor que agradecí sin reparos, con la misma sonrisa que agradezco a las jóvenes que me dejan su asiento en el metro. Las vistas de todo París merecen la pena siempre y sobre todo porque estaba nublado y el sol no picaba. Se veían dos terrazas profusamente ajardinadas y envidiables. La bajada fue corriendo por una escalera de caracol cómoda.
Paseando por la avenida dedicada a la batalla de Iena fuimos a la plaza de Estados Unidos que es bonita y ya conocía pero que explicaré en un artículo aparte sobre el aprecio francés que se aprecia en las calles de París a los americanos (USA,) antes de Trump, porque me temo que está cambiando. Luego al cercano museo nacional Guimet de artes asiaticas, una joya dedicada al arte de China, Corea , Japón y demás de lo que ignoraba casi todo , la exposición es magnífica pero ya estábamos agotados, vimos lo que pudimos y quedamos con ganas para volver.
Luego en magnífico metro al hotel a descansar. Finalmente volvimos a cenar en nuestro turco popular del Boulevard Garibaldi y yo a tomarme luego una cidra brut en el café Léontine.




Que buenos planes Juan Maria
ResponderEliminarA seguir disfrutando PARIS
Gracias
EliminarVaya Semana Santa parisina más bien aprovechá!!!!. Rafael Martín de Agar
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