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jueves, 22 de febrero de 2024

9 MENORCA. CIUTADELLA, TALAIOTS I PUERTO

 



Hoy jueves 22 de febrero, todo iba a ser más cercano, empezando por el bufador del hotel; por la zona hay muchos agujeros  cerca del borde de los acantilados por los que entra el agua cuando hay temporal y el agua al subir hace que suene una especie de bufido  y que las salpicaduras mojen a los espectadores; hoy no ha sonado pero nos ha salpicado un poquito, el espectáculo es bonito. Luego hemos visto una cantera de marés, que es la piedra calcárea de la que están hechos la mayoría los edificios nobles de la isla. La piedra corta muy bien y salen unos bloques muy bonitos, con apariencia de mármol, aunque  se meteorizan con más facilidad, eso nos explicaron unos canteros que allí trabajaban.
En el borde de la ciudad está el poblado talaiótico de  Montefi, que nadie nos había destacado pero nos impresionó por su extensión, porque tiene tres talaiot grandes, hipogeos funerarios, uno de ellos profundo, amplio y accesible, espárragos y una excavación a pico y pala de  Irene y Cristina, dos arqueólogas autónomas que gracias a un proyecto NetxGenerationEU quizá van a descubrir secretos escondidos de esta civilización neolítica. Brevemente nos ilustraron con un ejemplo del talaiot más cercano, que hundido en parte nos muestra una cámara amplia cuyo uso no se sabe todavía pero que cuestiona la importancia de torre vigía que se le atribuía. El  yacimiento es interesante, pero un Alimoche común (Neophron percnopterus) nos sobrevoló, espero que no estuviera viéndonos como carroña, sobre todo porque la pasión de las investigadoras era muy rejuvenecedora.
De nuevo en nuestra aparcamiento de la plaza des Born hemos comprado tabaco y luego tomado una cerveza en la cafetería del Cercle Artistic de Ciutadella que tiene unas vistas preciosas del puerto plenamente urbano y mucho más recoleto que el de Maó. Leer el MENORCA a diario lo recomiendo pues se entera uno de todo, por ejemplo: al fin pudimos confirmar la tesis de Lola de que la procesión que vimos la noche del viernes saliendo de la catedral era un Via Crucis con lecturas de la encíclica Fratelli Tutti  de Francisco.
Al salir vimos un cartel muy curioso de  la "giganta", S'Avia Corema, con sus siete pies que fotografié y que hizo recordar a Lola  la figura de la VIEJA CUARESMERA tan popular en Puente Genil con el mismo juego de las siete patas que se iban arrancando.  Nina, una ciudadelana que nos escuchó nos dijo que en su infancia se llamaba igual,  Vella Corema , y que luego eufemísticamente se cambió a abuela, pero que a ella no le gustaba porque la imagen de la giganta tradicional era más parecida a una bruja con sus verrugas y todo. Nos regaló la imagen de la que dibujó su madre hace 72 años que  ilustra este texto y en la que se ve perfectamente que lleva un bacalao seco, una alcuza de aceite y un rosario, es una vieja fea con su joroba y todo. 
Desde nuestra terraza y antes de dormir la siesta una Gaviota patiamarilla (Larus michahelis) lucía todo su esplendor.