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viernes, 19 de marzo de 2021

JULIO ARTILLO en mi memoria. neonormalidad 46

 



Conocí a Julio Artillo González cuando ambos formábamos parte del equipo que reunió Manuel Gracia Navarro en la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía,  que como había sido secretario general de la FETE( federación de enseñanza de la UGT) conocía bien “quién era quién” en el mundo de la educación. Yo era el más joven e inexperto pues tenía 30 años cuando me nombraron delegado provincial, aunque, cosas de la vida, ya era  profesor agregado numerario y director de la Escuela de Magisterio de la universidad de  Córdoba, pero el resto era lo que hoy llaman un “dream  team” , un equipo de personas bien formadas con carrera profesional destacada y comprometidas con el proyecto de cambio socialista. El mayor de nosotros, Manuel Arenas Martos fue viceconsejero y sigue hoy tan activo como siempre y Julio Artillo, que era el secretario general del PSOE de Jaén y catedrático  de Geografía e Historia, fue director general de Promoción Educativa y Renovación Pedagógica poco más de un año porque José Rodríguez de la Borbolla se lo llevó de portavoz del gobierno , pero le dio tiempo a poner en pie dos iniciativas cruciales: los Seminarios Permanentes de Profesores y el Programa de Alfabetización  que cristalizó en la Educación de Adultos que le tocó consolidar a  su sucesor Juan Carlos López Eisman, mi querido amigo y jiennense apasionado que también nos dejó en noviembre de 2019.

Julio Artillo, cuando de verdad en España no había libertad,  militaba en la lucha democrática clandestinamente tanto que años después, cuando casi acariciábamos la libertad fue multado con 20.000 pesetas de la época por encabezar la manifestación que con el lema “Amnistía y libertad”  hubo en Jaén el 11 de febrero de 1976, pero además era un hombre simpático, afable, educado y muy culto con el que era fácil congeniar y a veces sabía ser espontáneo; no puedo olvidar una comida de Navidad en la que nos acompañaban nuestras esposas a un equipo con solo dos mujeres, como era costumbre,  y aunque todas eran muy guapas  y Lupe, su mujer, lo es, no tuvo otra cosa que al presentarle a Lola, mi mujer, a la que no había visto nunca, para decirle un piropo, también costumbre de la época, me dijo que “¡como un tío tan feo ha conseguido convencer a una mujer tan guapa!”, lo que era una verdad como un templo, y me tuve que reír porque su sonrisa  era irresistible.

Nos vamos quedando solos, pues de aquel equipo, primero se fue Pepe Rodríguez Galán el 16 de noviembre de 1996, con 46 años, en un desgraciado accidente de automóvil, con lo que prudente que él era; quizá el más profundo de nosotros y que supo explicarnos el sentido profundo de la danza, mientras gestionaba en la dirección general de Ordenación Académica materias que le gustaban menos. Luego en 2003 nos dejó el más joven e inquieto, Alfonso Vázquez Medel, como Julio cruelmente derribado por la enfermedad, pero con solo 48 años cuando le quedaba casi todo por vivir.

Los demás seguimos batallando con mayor  o menor dificultad cada uno en su casa  en medio de esta pandemia, pero creo que todos nos seguimos sintiendo parte del equipo de Manuel Gracia y orgullosamente compañeros, porque haber formado parte de ese grupo humano marca para siempre, aunque lamentablemente, como pasa con el pelo, cada vez quedamos menos.

Querido Julio, siento profundamente que te hayas ido, aunque siempre estarás en mi memoria.

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