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jueves, 9 de diciembre de 2021

BREVERÍAS 20. Y DIGO YO

 


Ser viejo tiene muchas ventajas  y entre ellas yo creo que la más importante es disponer de mucho tiempo para filosofar dialogando o dicho de otra manera, para discutir y a ello nos dedicamos con empeño Lola, mi mujer, y yo, sobre todo cuando el frío nos reúne en la mesa camilla.

Esta vez ha sido en torno a una noticia de este puente que habrá pasado desapercibida para muchos, entre tanto fasto constitucional o andalucista, variantes del virus, volcanes o tambores de guerra cada vez más cercanos. Para nosotros, que  se hayan encontrado restos de cocaína, en diez de los once baños del edificio de Westminster  que están para uso exclusivo de los parlamentarios o sus visitas, ha sido LA NOTICIA de la que ha derivado una discusión que concluye con este artículo ideado al alimón.

La noticia en realidad no lo es, porque no tiene nada de nuevo saber que los poderosos casi siempre han tomado cocaína, alcohol u otras drogas, dipsómanos fueron Trajano y Churchill y como fueron grandes dirigentes nadie los recuerda como borrachos, pero verán que  el asunto da de sí, si tenemos en cuenta el agravio comparativo que sufrimos las personas tratadas como súbditas en este asunto, por el abuso histórico de los poderosos que practican sin medida “vicios privados, públicas virtudes”, claro que por nuestro bien como bien explicó Bernard de Mandeville en “La Fábula de las abejas”  .

Los ciudadanos sabemos lo importante que es preservar la integridad física y mental para  tener un comportamiento juicioso, y por eso cumplimos las normas aprobadas por parlamentarios que nos prohíben conducir vehículos, ahora incluso bicicletas, bajo los efectos del alcohol y otras drogas. Nos  sometemos mansamente a controles aleatorios para detectar en nuestros cuerpos restos de esas sustancias aunque no estemos infringiendo ninguna norma de tráfico, aceptando resignadamente que nos controlen preventivamente y nos multen sumarísimamente, pero ¿porque tenemos que aceptar que personas que están bajo la influencia de la cocaína tengan voz y voto para decidir cuestiones que afectan a nuestras vidas?,¿no decidirían entrar en la guerra de Irak tras la ingesta de algún alucinógeno que les hizo ver en su “viaje” las famosas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron?, no, no es justo.

Y DIGO YO,  ¿no sería justo que en  correspondencia con nuestra mansedumbre, los parlamentarios se sometieran a un control antidrogas  preventivo antes de aprobar las normas que conducen nuestras vidas?. Nuestra propuesta es muy equilibrada porque el control obligatorio sería solo para asuntos vitales del orden del día y para los demás  solo aleatorio como hacen con nosotros los agentes de tráfico. En los controles obligatorios , una tasa equivalente a la que conlleva la pérdida del permiso de conducir, supondría el no poder participar en la sesión y  la inhabilitación perpetua del parlamentario para el desempeño de cualquier cargo público, porque ellos deben ser ejemplares en el cumplimiento de las normas. Para los demás casos habría que diseñar un sistema punitivo proporcionado  seguramente con su tarjeta de puntos como la que castiga nuestro comportamiento en el Reglamento General de Circulación.

Si nosotros drogados no podemos conducir nuestros coches, ellos tampoco deben conducir nuestras vidas bajo los efectos de las drogas.

La foto la hice yo en la visita que hice a Westminster en 1989.

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