Valencia es una gran ciudad, la tercera de España, que se debate entre el casco histórico con murallas y monumentos interesantes: Lonja de la Seda, Mercat Central, las torres de las puertas, el delicioso Miguelete, etc, que bien merecen una visita, pero que a mi juicio la veo muy cargada de edificios altos del siglo XX para instituciones, bancos y viviendas de las clases acomodadas, nada que no hayamos visto en otras ciudades, como Sevilla o Córdoba pero en conjunto resulta agradable, y por otro lado, a las afueras, en el antiguo cauce del Turia, la Ciudad de las Artes y las Ciencias que es donde realmente he estado más. No puedo decir que me guste el diseño descomunal de Santiago Calatrava pero impresiona vacío y de noche con la apariencia de inmensa ballena varada que vió mi nieto antes de hacer la foto.
Ya había estado antes en Valencia, en el verano de 1968, con mi padre y dos hermanos, camino de un viaje europeo inolvidable a bordo de un R-8. Pasamos una noche imposible con un calor húmedo insoportable, para unos cordobeses acostumbrados al calor seco de Córdoba. Hace unos treinta años volví en el jurado de un festival y me gustó todo, hasta la comida y la compañía , salvo la despedida con una gran mascletá delante del ayuntamiento que no me curó ni la horchata de Santa Catalina, pero que a los valencianos les emociona por el ruido ensordecedor y el olor de la pólvora quemada.
Este domingo de Ramos hemos disfrutado de tres horas en el Oceanografic: delfines, focas, leones marinos, belugas, pinguinos, cocodrilos, tiburones, peces de muchas especies , medusas, etc..., no he visto pulpos y no estoy seguro que no los tengan también, pues es inmenso y con muchos túneles transparentes para sentirse como si estuvieras dentro del agua. Los que me conocen saben que soy claustrofóbico y he tenido que controlarme para no entrar en pánico, pues había mucha gente en todos los espacios cerrados. Recomiendo la visita.
El almuerzo ha sido espectacular en la Alquería del Brosquil, invitados por mi compañero de colegio y amigo Andrés y Maryan su mujer, que viven en Valencia y son un encanto, han conseguido que mi nieto coma de todo con gusto, la paella incluida la verdura y el conejo. Hemos recordado los tiempos escolares, las cosas de los hermanos maristas, sobre todo de los malos que había, y hemos puesto en común retazos de nuestras vidas, pero han quedado muchas cosas en el tintero por lo que habrá que volver.
A las 20 horas hemos visto un audiovisual sobre las auroras boreales, proyectado en una inmensa cupula (IMAX Dome) en el Hemisferic, interesante e instructivo, que ha sabido a poco, y luego Eduardo me ha puesto a andar por el antiguo cauce del Turia y las calles cercanas, como si estuvieramos buscando un lugar agradable para tomar unas copas, para finalmente regresar al hotel sin tomar nada. Ahora toca dormir y descansar. Buenas noches.


