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martes, 31 de marzo de 2026

BARCELONA

 






Hoy tocaba ir a Barcelona a dejarnos impresionar por el exterior de la basilica de la Sagrada Familia y sin duda que lo consigue. Está muy bien enclavada, es grande pero no excesiva, de altura máxima se pasa tanto que a mi no me parece proporcionada, aunque se equilibrará seguro con el bosque de  17 torres menores que tendrá al final. La fachada de la Pasión me parece magnífica y tiene delante una gran y bella plaza ajardinada que la embellece con la naturaleza viva; las estatuas no me emocionan, aunque el beso de Judás  si me deja cavilando. Las otras dos fachadas, la de la Gloria y la del Nacimiento no me gustan nada, como en general no me gusta el estilo grutesco, será por mi claustrofobia, yo me las imaginaba más naturales, como los "edificios" hechos en la playa goteando de las manos arena mojada en la playa  y son demasiado complejas.
El interior que como toda la basilica merece la pena, no tocaba esta vez porque lo conozco bien de los documentales, no me gustan las vidrieras ni los colores que tienen y la verdad  es que cuando decidí sacar entradas no había para la fecha. Quiero asistir a algún concierto potente con coros como el que ha habido en el centenario de la muerte de Gaudí, pues  estoy seguro que será espectacular en directo vivir un buen Mesías o La Creación.
Antoni Gaudí i Cornet me parece genial en todo: sus muebles, herrajes, escaleras y detalles me encantan. Su pasión me admira y la Sagrada Familia, su sueño, es una impresionante obra colectiva que muestra el poderío de la ciudad de Barcelona, pero... me gustan más los edificios útiles a  los hombres, a su medida, y no los que están hechos para impresionarnos o sobrecogernos y menos cuando se construyen para mostrar nuestra pequeñez frente a Dios,  en tamaño grande prefiero los espectáculos de  la Naturaleza, de la que todos formamos parte.
Entrar  a Barcelona por la Gran Via de les Corts Catalanes y salir por la Diagonal te hace ver  lo bien ordenada que está la ciudad,  gracias al impresionante trabajo de otro genio catalán, Ildefons Cerdá i Sunyer,  ingeniero del estado, que a mediados del siglo XIX proyectó con todo detalle el  Plan de Reforma y Ensanche de la ciudad de Barcelona, que fue muy polémico porque lo impuso el Gobierno de España  contra el ganador de un concurso público municipal que pretendía una malla circular  al estilo de Viena y París. Yo pienso que el plan de Cerdá era mejor,  hoy diríamos que es más ecológico, pues en su opinión   trataba de ruralizar lo urbano y urbanizar lo rural. Desde luego  Cerdá fue original y para nada copió a Haussman, aunque en ambos planes hay anchas avenidas, las que hizo en  París por encargo de Napoleón III  era para que nunca más los revolucionarios pudieran hacer barricadas, mientras que en Barcelona se trataba de ordenar el espacio para que  la ciudad pudiera crecer garantizando el creciente tráfico y que todas las viviendas tuvieran luz y aire.  
El almuerzo de hoy ha sido en el restaurant Ca l'Àngel de Valls, magnífica comida a la carta, con un menú a precio muy razonable, unas croquetas buenas, chipirones con huevo frito y tarta de las casa, buen vino de la tierra y charla con los vecinos en la barra, uno de ellos de Cabra.
Como Valls está muy bien situada, esta tarde me he ido a visitar el monasterio de Poblet y la ciudad amurallada de Montblanc, pero eso lo contaré mañana. Buenas noches



1 comentario:

Anónimo dijo...

De Cabra tenía que ser. Nunca tuve duda que la diáspora egabrense está por todos lados