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lunes, 30 de marzo de 2026

TARRAGONA

 



Esta mañana hemos dejado Valencia camino de Valls (Tarragona), que es desde donde escribo ahora. 
Una breve parada en Peñíscola para ver su impresionante fortaleza,  que fue el dominio y refugio del Papa Luna y que pensaba enseñar a mi nieto, pero la caminata de ayer me ha dejado el tobillo izquierdo un poco abierto y la cuesta andando es larga, además hay demasiados turistas lo que me da un pretexto más elegante para verla desde la playa.
He almorzado cerca del hotel en un  restaurante de polígono industrial: ricas lentejas con bacalao y  de segundo conejo asado que han ameritado un paseíto y  una agradable siesta.
Tarragona es un ciudad bonita y agradable cuyo eje principal es la Rambla Nova que es nueva pero no una rambla. fue hecha a mediados del siglo XIX como una vistosa  y ancha alameda partiendo el casco antiguo, destruyendo murallas y abriendo un bonito mirador que llaman Balcó del Mediterrani y desde el que se ven muchos barcos petroleros supongo que esperando para descargar en la terminal de la refinería. No es una rambla porque no desemboca en el mar sino que sube hacia él. Es una avenida que me gusta con amplias aceras y no demasiadas terrazas de bar, y debajo del balcón se ven apretujados las vias del tren y la carrtera nacional dejando una ridícula playa que solo se ensancha a  levante delante de las ruinas de su potente anfiteatro que se disfrutan perfectamente desde la altura.  A los próceres del XIX debía gustarles Roger de Lauria pues colocaron pegando al balcó una enorme estatua del marino, eso sí con mucha mala idea pues la pusieron dando la espalda al mar de donde venía la gloria del italiano que sirvió a los intereses  de Pedro III de Aragón  (1240-1285),  al que conoció  en 1262 cuando su madre  nodriza de  Constanza  Hohenstaufen la acompañó a Aragón para casarse con el infante Pedro. Merece la visita  a su catedral con una portada gótica tallada soberbia y quedan restos de muralla de sobra para hacerse una idea del poder de la Tarraco romana y yo creo que que también de la califal, eso sí casi nada se dice de los al menos cuatro siglos del imperio califal cordobés, lo que me molesta obviamente, deben los restos estar debajo de la Rambla.
Como los romanos eran muy delicados con el agua hicieron muchos acueductos para llevarla buena a sus urbes, usando los numerosos esclavos disponibles como beneficios de sus guerras "civilizadoras". Cerca de Tarraco está el acueducto de las Ferreras, más conocido por el puente del diablo, en medio de un buen pinar y que con cuidado permite hasta pasear por encima.
Los turistas en esta zona, seguramente por la hora brillaban por su ausencia, asi que fue un magnífico remate. Mañana intentaremos volver a ver la Sagada Familia, por fuera que es lo que más me interesa y pasado creo que lo dedicaremos a dos monasterios cistercienses cercanos. En uno de ellos buscaremos el sepulcro de Roger de Lauria a los pies del Pedro III.  Buenos noches y felices sueños

1 comentario:

Felicidad dijo...

Un bonito e interesante recorrido.