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martes, 19 de enero de 2021

PEPE HERNANDO CASAL, IN MEMORIAM neonormalidad 35

 


El pasado miércoles 13 de enero a las 5:22 fallecía  Pepe Hernando, mi querido amigo y compañero de  estudios. Su estado de salud era delicado desde hace años y  en los tres últimos meses se fue agravando  con crisis sucesivas que le provocaban mucha incomodidad hasta que sucedió lo inevitable. Afortunadamente estaba acompañado  de sus hijos y de Marga Parra, la  compañera de sus últimos años, una mujer excepcional que ha sido fundamental para mantener bien su estado de ánimo hasta el final, que ha sido dulce como se merecía.

Pepe y yo habíamos cursado juntos los cuatro últimos cursos de los estudios de Biología en Sevilla entre 1970 y 1974, y luego  coincidimos en algunas ocasiones  pero fue a raíz de nuestras jubilaciones que  consolidamos una buena amistad, debo reconocer que con  él era muy fácil por su carácter afable y cariñoso, mucho mejor que el mío .  Primero en una tertulia de  profesores que habíamos coincidido en Córdoba en distintas áreas y que primero fuimos tres, luego “la banda de los cuatro” y finalmente de 4+1, un pretexto para tomar cervezas, charlar y reírnos, cosas que son muy necesarias para que la vida tenga sentido y que gracias a wasap y el teléfono hemos podido mantener en esta pandemia del demonio. Luego me ayudó formando parte del grupo inicial que hace tres años comenzamos a buscar a todos los compañeros de la promoción de Biológicas 1969-1974 con el fin de  organizar  el 45 aniversario y sobre todo para restablecer el contacto amistoso entre todos, lo que fue un éxito casi completo pues además del encuentro nos ha permitido consolidar una tupida red de amistades entre nosotros muy superior a la que teníamos cuando compartíamos aulas durante muchas horas. El 31 de julio fue la última vez que  estuve con él y me alegro tanto de haber compartido con Paco Juan, Marga y Pepe dos horas  de cerveza y buen pescado frito en la Punta del Moral. En los chat donde coincidíamos, siempre él era el primero en dar los buenos días y las buenas noches, “obligación” a la que solo faltó en contadas ocasiones pese a sus dolencias, ahora siempre nos acordaremos de él

 Pepe había desarrollado una sólida carrera académica como ictiólogo que comenzó en la Estación Biológica de Doñana con su fundador el doctor José Antonio Valverde que fue quién dirigió su tesis doctoral sobre la “Estructura de la comunidad de peces de la Marisma del Guadalquivir”, que luego continuó en Córdoba y finalmente en la Universidad de Cádiz. Sabía mucho de peces, de lo que nunca se jactaba,  tanto que cariñosamente lo conocíamos como Pepe Peces, yo creo que su favorito era el gran esturión o sollo  pero se quedó con las ganas  de que se repoblara el río Guadalquivir con ejemplares de Acipenser naccarii procedentes del Adriático y criados en la piscifactoría de Riofrío, pese a haber demostrado que esta especie también era autóctona de Andalucía.

Con la edad vamos conviviendo cada vez más con la muerte. Lo que era un presencia extraña en nuestras vidas se va volviendo con el tiempo una compañera inevitable, parafraseando a Emil Cioran: nuestra misión en la vida es ir matando el tiempo y la del tiempo es ir matándonos a todos, pero que bien se está entre asesinos, por ello y a pesar de todo la inmensa mayoría nos aferramos a la vida desesperadamente y cada vez que el tiempo nos arrebata a un ser querido sentimos un profundo dolor que nos ahoga tanto que creemos que  no podremos superarlo, luego nuestro deseo de vivir es tan grande  que  escondemos ese dolor  en nuestra memoria para dejar de sufrir. El amor por alguien es maravilloso cuando se tiene, pero su expresión suprema es la amistad que sentimos por algunas personas que nos hacen compañía en la vida, es un sentimiento tan fuerte que no se pierde nunca, solo que para seguir viviendo lo trasladamos a la memoria que cada vez está más poblada de seres queridos a los que no vamos a olvidar.

Querido Pepe, cuando podamos nos reuniremos para darte la despedida que mereces y beberemos cerveza en tu memoria y nos daremos todos los abrazos que no hemos podido darnos ni darte y lloraremos mucho, tanto que no lo olvidaremos nunca.


lunes, 11 de enero de 2021

ÉRAMOS POCOS Y… APARECIÓ FILOMENA. neonormalidad 34

 


Somos tan ingenuos que creíamos que acabado el 2020 y en un nuevo año 2021 disponiendo ya de vacunas todo iba a ser un jardín de rosas en nuestra “nueva normalidad” o NEONORMALIDAD, neologismo que como sabéis yo uso  desde el 14 de junio de 2020, con el permiso de la FundéuRAE a la que en ese día consulté lo siguiente:”Uso de -Neonormalidad- como nueva palabra en vez de -Nueva normalidad- que nace como expresión para referirse a la vida que llevaremos en lo que reste de pandemia que será como la que teníamos antes pero con nuevas normas higiénicas y de urbanidad requeridas para dificultar los contagios. Creo que el uso del prefijo Neo- es adecuado para referirse a algo que se parece a la normalidad y que más que nuevo es más reciente. Además de por economía de lenguaje, ¿Estoy acertado?” , a lo que me respondieron diligentemente: “Sí, la formación con el prefijo neo también es válida. Saludos cordiales”. La FundéuRAE, Fundación del Español Urgente, nace de la colaboración entre el departamento de Español Urgente de  la agencia EFE y la Real Academia Española de la Lengua para asesorar a los periodistas en el buen uso del español y para mi es la autoridad competente en el uso de la lengua por la rapidez con la que contesta las consultas.

Pero vamos al grano, que me enrollo como una persiana, si la semana pasada mostraba mi enfado por la negligencia de los servicios de salud autonómicos en la administración de las vacunas disponibles, que van con retraso cuando está en juego la vida de las personas, la actualidad ponía más negro el horizonte con el asalto de una banda muy numerosa de partidarios de Trump a la sede por antonomasia  de la democracia norteamericana y para colmo tras una arenga incendiaria a las masas por parte de su jefe convocante, el presidente del país con el ejército más poderoso de la Tierra. El mundo al revés, el hombre obligado a defender la ley y el orden de su república de la que es el máximo responsable, incendia a sus partidarios más lanzados para que asalten el Capitolio, la sede del poder legislativo, con el fin de imponer su delirante versión de la realidad, contra toda evidencia y todas las resoluciones judiciales. En su cabeza llena de soberbia y supremacismo no cabe la derrota  democrática en las urnas y como un niño malcriado no quiere aceptar que ha perdido las lecciones y que tiene que entregar pacíficamente el poder, ayudando al nuevo presidente electo. No, no es un loco, sino un presunto criminal y confío que  el sistema legal y político de su república pueda hacerle pagar el daño irreparable que le ha causado.

Me parece delirante que los políticos españoles partidarios de Trump  o cercanos a sus tesis comparen estos hechos sediciosos organizados desde la máxima autoridad de la nación, con la manifestación “Rodea el Congreso” que tuvo lugar en España  en 2016 contra la investidura de Rajoy y que  fue convocada por una asamblea de organizaciones “revolucionarias” de  parafernalia izquierdista, eso sí  auspiciada por la bisoña Podemos e IU que entonces ni podían soñar que iban a estar en el gobierno, pero todo vale para su objetivo de derribar al gobierno  democrático de España al que consideran ilegítimo, echando leña al fuego al mejor estilo Trump, discípulo de Steve Banon y porque no decirlo  también de Goebbels que es el maestro supremo de la estrategia de ganar elecciones  nucleando a los descontentos, desprestigiando el sistema democrático, criminalizando a sus adversarios como enemigos de la democracia y negándoles la legitimidad grande o pequeña que obtuvieran en la urnas, porque para ellos los únicos votos válidos son los de los patriotas auténticos que obviamente son los que los votan a ellos. Nunca me han gustado este tipo de actuaciones ni los escraches porque sin respeto al adversario, sin buena educación y sin urbanidad no es posible la convivencia entre diferentes. Tampoco se puede comparar con el bloqueo al parlamento catalán del 15 de junio de 2011 para impedir la aprobación de los presupuestos de los recortes y mucho menos  con la manifestación feminista del 15 de enero de 2019  para protestar ante el parlamento andaluz contra la investidura del presidente con el apoyo de VOX que exigía para otorgarlo el fin de las políticas de género, pues en los tres casos los máximos dirigentes gubernativos no estaban del lado de los manifestantes sino en contra y los manifestantes no entraron a la fuerza a las sedes parlamentarias, ni impidieron la celebración de sus sesiones, por lo que aunque nominalmente fueran ataques al poder legislativo no traspasaron la frontera de las libertades constitucionales de manifestación y expresión como ya sentenciaron los jueces españoles. Solo admito un cierto parecido  pero de carácter paródico con la revueltas producidas en Cataluña con el apoyo de los presidentes independentistas que cobardemente lanzaban a sus partidarios más lanzados  a infringir las leyes, como Torra que pedía a sus más violentos fanáticos “que apretasen”, en el mismo estilo del descerebrado Donald.

Por si todo esto no fuera suficiente para temer al nuevo año que en vez de preñado de esperanza se ha iniciado  lleno de desastres políticos y sanitarios ha irrumpido  lo que nos faltaba, FILOMENA,  que no es el nombre de mi abuela sino una borrasca de tomo y lomo que está anegando  de lluvia, nieve  o hielo casi toda la geografía peninsular en medio de un frío glacial. Lo bueno es que con tanto frío las vacuna necesitan menos refrigeración y seguramente la gente saldrá menos de sus casas y lo mismo así si somos capaces de controlar la expansión de la pandemia que  anda desbocada  gracias a haber “salvado la navidad”.

“No hay mal que por bien no venga” como dice el refrán popular, que a mi juicio debería decir “no hay bien que por mal no venga”. Deseo que tengamos suerte para que no aparezcan a continuación, una detrás de otras, las siete plagas de Egipto o una invasión extraterrestre o lo que sería mucho peor, la extensión mayoritaria de la estupidez que nos caracteriza como especie.


miércoles, 6 de enero de 2021

MEZCLAR,…NO AGITAR neonormalidad 33

 


El artículo de esta semana comenzó siendo alegre porque a partir del domingo 27 de diciembre se había empezado a vacunar, lo que indicaba que estábamos a punto de ver la salida  del oscuro túnel en el que nos había metido el maldito virus. La ciencia y el dinero habían hecho posible lo imposible, que empezáramos a disponer de vacunas en menos de un año. Como bien dijo el ministro Salvador Illa, sin duda parafraseando al mejor Winston Churchill, “es el principio del fin, no nos confundamos quedan meses por delante que no van a ser sencillos”.

Con esperanza y para tratar de calcular cuando nos tocaría a los viejos con achaques de alrededor de 70 años me entretuve en leer detenidamente primero los 13 folios de la Estrategia de vacunación frente a COVID-19 en España emitida por el ministerio de Sanidad el 18 de diciembre y luego los 41 folios de la excelente y prolija guía para profesionales editada por la Junta de Andalucía el 23 de diciembre, en la que se explican todos los procedimientos para que los profesionales nos pongan la vacuna con las debidas garantías, cuando nos toque. Los protocolos no parecen españoles por lo detallados que son y la cantidad de obviedades que aclaran y precisan  y más cuando son para profesionales que sin duda no lo necesitan, pero al parecer es una tendencia mundial tratarnos como tontos, como en esos prospectos  o manuales de instrucciones en los que te advierten que no enciendas las estufas eléctricas cerca de las cortinas, al parecer es para que el fabricante evite responsabilidades legales.

En medio de tan interesante lectura recordé mi etapa de enfermero en la mili desde octubre de 1974 hasta el mismo mes de 1975 en el cuartel de infantería Lepanto de Córdoba. Adquirí mucha destreza en poner inyecciones de todo tipo, tanta que el brigada practicante delegaba en mí las inyecciones más comprometidas sobre todo las que ponía a domicilio a las mujeres y los niños de sus compañeros, hasta a bebés de meses. Era otra época, las jeringas y las agujas se reutilizaban tras un  riguroso proceso  de esterilización, incluso al acabar el día afilábamos con una piedra de mármol las agujas que se habían despuntado al chocar con las duras carnes de los jóvenes soldados que nerviosos no relajaban sus musculosas nalgas. Yo tenía 22 años y recién había acabado la licenciatura de Ciencias Biológicas y quizá era el mayor del grupo de enfermeros que casi todos eran mancebos de botica; al parecer en el departamento de Selección pensaron que un biólogo sería también apropiado para el puesto. Éramos tan jóvenes y alocados que  cuando el miércoles 14 de mayo de 1975  nos dispusimos a vacunar a los soldados que les tocaba ese día, no recuerdo de qué aunque era intramuscular en el área deltoidea del brazo no dominante como esta, los compañeros me propusieron que yo les pusiera las agujas a todos y que ellos me ayudarían facilitándome la tarea, en este punto debo aclarar  que el brigada se había marchado a algo más urgente porque si no, creo que no nos hubiera dejado, y dicho y hecho, unas cuatro horas después estaban vacunados 442 soldados.

Con estos recuerdos y como si yo fuera a vacunar a alguien ahora leía la guía y me entro la risa floja cuando explicaba detalladamente que al vial una vez descongelado había que voltearlo 10 veces…SIN AGITAR y luego añadirle suero salino y voltear  de nuevo 10 veces…SIN AGITAR y me entró la risa porque recordé lo que decía James Bond cuando pedía un Martini que añadía siempre:”Shaken, no stirred” que bien traducido es “agitado, no removido”  que es lo contrario que había que hacer ahora con el vial, pero que en España siempre se ha traducido incorrectamente en el doblaje como: “mezclado, no agitado” que es la manera correcta de proceder en el caso de esta vacuna.

O sea que, fuera risas,  en mi criterio experimentado y lamentando no poder consultarlo por culpa del maldito virus con mi hermana Nanda que de esto sabía mucho más que yo, creo que poner la vacuna es de primero de enfermería y la logística para distribuirlas está al alcance de cualquiera de las empresas que se dedican a estas cosas y que tan bien funcionan en España llevando puntualmente medicinas y viales de pruebas a farmacias, labortorios, hospitales y centros de salud. En consecuencia el objetivo de poner aproximadamente 360.000 vacunas a la semana para un  Sistema Público de Salud con alrededor de 200.000 enfermeras o enfermeros me parecía fácil y sin ninguna dificultad, pero lamentablemente no ha sido así  y salvo en Canarias y en el Principado de Asturias que lo tenían bien organizado, en las demás ha sido un fiasco llegando al colmo de Madrid que solo ha puesto el 6% de las vacunas recibidas y obviamente echar la culpa de ello a Pedro Sánchez o al ministro Illa no solo es de miserables, sino de sinvergüenzas que nos toman por idiotas a los demás. Confío en que haya organizaciones ciudadanas que denuncien esta negligencia culposa de los responsables sanitarios de las comunidades autónomas, porque como no creo que sean tontos, esto  no tiene más explicación que un deseo claro de que todo salga mal, seguramente para fomentar el desarrollo de la sanidad privada.  Algunas personas bienintencionadas reclaman la asistencia de la UMD( la unidad militar de emergencia) para una cosa que no es una emergencia pues se sabía desde hace meses y además cuando el ejército solo tiene unos  750 enfermeros en su plantilla y su capacidad para transportar materiales biológicos ultracongelados no está acreditada .

Me reiría con ganas si no fuera dramático que pudiendo inmunizar a la población de más riesgo con  rapidez no se haga por incompetencia manifiesta, así que por favor de una puñetera vez pónganse a la tarea y procedan con celeridad a vacunarnos y si no saben, me preguntan y sobre todo no olviden que la vacuna hay que MEZCLARLA…NO AGITARLA.

jueves, 31 de diciembre de 2020

¡ADIÓS 2020!... ¡HOLA 2021! neonormalidad 32

 



Como todos los 31 de diciembre se apresta uno  a despedir el año que hemos vivido y a desear siempre lo mejor para el siguiente del calendario.  Nunca reflexionamos que  a cada uno le habrá ido el año de manera diferente, pero este 2020 que dejamos parece que unánimemente ha sido malo para la humanidad en su conjunto, pero todo  depende, en mi familia ha sido terrible, pues a la reciente muerte de mi madre en noviembre de 2019, que nos dio la alegría de vivir 97 años espléndidos, se le ha sumado en este 2020 la insufrible pérdida de  Nanda, nuestra hermana, enfermera y víctima de la pandemia, que nos dejó en la plenitud de su vida, sin que nos lo pudiéramos esperar y sin que podamos aceptarlo…todavía. Ya sé que el dolor no nos dejará nunca, solo espero que la vida  vivida con los que queremos nos quite el sufrimiento más pronto que tarde.

Acabo de pasar de año al mediodía, porque a medida que voy envejeciendo la  noche me sienta peor para los inevitables excesos en comida y bebida, pero es que además este año habíamos pensado no hacer nada a medianoche  para evitar el contacto estrecho con hijos, nietos, familiares y allegados. Pero ayer pensé que sería muy agradable ver a los hijos con los nietos pero de día, unos el 31 y otros  el 1 y así lo hemos hecho. Al mediodía han llegado mi hija Lucía con su marido Eduardo y los dos nietos Eduardo y Juan, todos con mascarilla y mañana vendrán Guillermo con Vike y Javier el benjamín.

Como el fin de semana pasado  tuvimos la matanza de los cerdos que se crían con bellotas y castañas en nuestro paraíso serrano de Cortegana, aparté una cadera  para hacerla al horno hoy y la he hecho a 110ºC en 5 horas, ha salido exquisita, por si querían comer aquí una vez que se vió que el día era frío, pero al sol se estaba muy agradablemente. Antes he jugado con mi nieto Juan al badminton y luego hemos pasado casi una hora paseando por el campo y  sosteniendo con él una amplia conversación sobre las futuras colonias en la Luna y Marte, tratando de responder todas las preguntas que desde la curiosidad de sus diez años me hacía. La guarnición  de la carne ha sido una ensalada de pimientos asados  y Lola había hecho una magnífica tortilla de patatas. Al final todo acabó con una botella de cava (brut nature reserva  vintage 2017)  elaborado por Jaume Serra y adquirido a 3,75€ en Aldi que ha resultado espectacular y tomando las tradicionales uvas al ritmo de los rasgueos de guitarra por soleás que tan generosamente regaló el excepcional guitarrista Juan Serrano a sus paisanos cordobeses y que este año, prudentemente, no podrán oírse. Me ha gustado tanto que creo que el año que viene lo intentaré repetir pero con todos si es que para entonces se ha recuperado la normalidad .

La operación fin de año seguramente se completará esta noche con una videoconferencia y mañana con la visita prometida del resto de mi descendencia. Creo que no se puede pedir más para celebrar un momento tan repetido y rutinario, aunque es verdad que nos gustan las fiestas con pretexto, yo pienso que a veces convendría celebrarlas sin necesidad de excusas, a pelo, todos los días, sobre todo si lo que celebramos es estar vivos y felices de compartir que es de lo que se trata.

Os deseo a todos los que me soportáis un feliz año nuevo 2021 preñado al fin de esperanza gracias a la ciencia y a los científicos, a la sanidad y a los sanitarios, a los empleados de supermercados, a los transportistas, a los basureros, a los limpiadores, a los cuidadores, a los policías…y un poco también gracias  al gobierno y  a casi todos los ministros, a casi todos los políticos, incluso de la oposición y finalmente el último ruego es que las vacunas funcionen y puedan ponerse a todos los seres humanos vivan donde vivan.

 ¡ADIÓS 2020!... ¡HOLA 2021!

 

 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

¿DEBE SER DESTRUIDA LA MONARQUÍA? neonormalidad 31


 


Cabalgando sobre las coincidencias titulo este artículo interrogativamente parafraseando al profundamente reaccionario Catón el Viejo que como es conocido acababa todas sus intervenciones en el Senado romano, allá por el siglo segundo antes de nuestra era, diciendo Carthago delenda est (“Cartago debe ser destruida”),  que era como decir “al enemigo ni agua”, que a su vez fue parafraseada por José Ortega y Gasset en el diario El Sol del 15 de noviembre de 1930 para terminar su célebre artículo “El error Berenguer” que concluía rotundo con la afirmación “Delenda est monarchia” y seis meses después, tras unas elecciones municipales que dieron el triunfo en las principales ciudades a las candidaturas republicanas, Alfonso XIII, el abuelo del rey emérito, se exilió en Roma donde siete años después nació “ese rey que ahora está en el candelabro”.

No es que yo crea que en breve nuestro país  se vaya a transformar en una república, pero tampoco en noviembre de 1930, nada permitía asegurar que cinco meses después se proclamaría la segunda república de la historia española y “en  olor de multitudes”, porque entonces como ahora dependerá de lo que se haga por parte de los políticos, pues debemos reconocer que este es un asunto de políticos, porque la forma en que sea desempeñada la jefatura del estado no forma parte ni de las preocupaciones ni de los deseos de una mayoría social,  ni siquiera de una minoría importante o influyente, por más que pretendan algunos “demostrarlo” con encuestas a propósito, con preguntas “bien redactadas” y métodos demoscópicos no demasiados rigurosos o comentaristas poco escrupulosos.

En 1930  a consecuencia de la forma errónea de acabar con la dictadura de Primo de Rivera  mediante la dictablanda de Berenguer, como si todo se pudiera resolver con un cambio de nombres,  que fue respondida por el Pacto de San Sebastián de todas las fuerzas republicanas burguesas para derribar a la monarquía. Dos meses después y tras un largo y difícil debate interno, para superar el profundo accidentalismo de su fundador que no veía ninguna ventaja para los obreros de pasar de una monarquía reaccionaria a una república burguesa, se sumaron el PSOE y la UGT inclinando la balanza política del lado republicano, ya solo quedaba esperar a nuevos errores de la monarquía que podían haberse evitado. Primero  los antimonárquicos, siguiendo la tradición, intentaron una huelga general con un golpe militar  en diciembre que fracasó, pero que provocó el que Berenguer quisiera  convocar al fin, tras diez años, elecciones generales que ni unos ni otros aceptaron, con gran ceguera de los monárquicos, lo que causó su dimisión  en febrero para ser sustituido por el almirante Aznar que propuso un nuevo calendario electoral empezando por unas municipales el 12 de abril, creyendo que con los caciques tradicionales iban a controlarlas, y luego más adelante unas generales constituyentes, un craso error pues todo el mundo entendió que esas municipales eran un plebiscito sobre la monarquía y pese a que prácticamente hubo un empate técnico entre concejales monárquicos y republicanos, como en Madrid los republicanos triplicaban a  los monárquicos, en Barcelona los cuadriplicaban y en otras 39 capitales de provincia eran mayoría los republicanos, estos tomaron el poder por la política de los hechos consumados sin que nadie pudiera impedirlo, en palabras del ocurrente marino gallego: “España se acostó monárquica  y se  despertó republicana”. Así sucedió, pero está claro que pudo evitarse si no se hubieran cometido tantos errores de los defensores de la monarquía, que transformaron en éxitos los errores que cometieron los antimonárquicos, aunque la clave sin duda fue el apoyo  del PSOE y de UGT.

Ahora la causa antimonárquica toma fuerza de las tropelías económicas cometidas por Juan Carlos I, que  son muy graves, pero ¿son suficientes para derribar a la monarquía constitucional nacida del gran pacto democrático de la Constitución española de 1978?, como acertadamente dijo Pedro Sánchez: “Se juzga a personas no a instituciones”, pero en el mundo de hoy de las redes y los juicios sumarísimos ante la opinión publicada las cosas no siempre son justas, todo… depende, como dice la canción. Hoy  se lanza una mentira con fuerza y si la repiten millones de personas se transforma en “una verdad alternativa”.

Hagamos un recuento rápido de los activos y pasivos de nuestra monarquía que hereda personalmente una historia milenaria, pues sin duda Felipe VI desciende de Vermudo I que fue rey electo de Asturias en el siglo octavo hace unos 1.230 años en una cadena ininterrumpida de  más de 50 reyes, bueno, con algunas interrupciones en el mando patrio, la mayoría breves: la de José I Bonaparte entre el 6 de junio de 1808 y el 11 de diciembre de 1813,  la de la primera monarquía parlamentaria española con Amadeo I entre el 2 de enero de 1871  y el  10 de febrero de 1873,  la de la primera República entre el 11 de febrero de 1873 y el 29 de diciembre de 1874,  la de la II República entre el 14 de abril de 1931 y el 1 de abril de 1939 y la del dictador Franco desde esa fecha hasta el 20 de noviembre de 1975, un total de unos 50 años de los 1230 o si nos ponemos delicados de los más 500 desde  Carlos I, el emperador. O sea que la monarquía en España es lo permanente y las repúblicas accidentes. Claro que se puede aducir que el reinstaurador monárquico fue el dictador Franco, pero si se lee un poco, se sabe que la historia nunca es una línea recta y de grandes desastres surgen las mejores oportunidades y al revés.

Juan Carlos I fue rey porque lo puso Franco, eso es indiscutible, pero en tres años le dio la vuelta a la herencia del dictador gracias al compromiso de las principales fuerzas políticas para hacer nacer un pacto que incluía una democracia social y de derecho con una monarquía parlamentaria, que ha sido la clave del arco en la arquitectura del pacto entre las dos Españas y que nos ha permitido 40 años de progreso, lo que no está nada mal. Claro que eso no le daba patente de corso y por eso los hechos que se iban conociendo provocaron su abdicación en 2014 que fue premiada por Real Decreto aprobado por el gobierno de Rajoy, en mi opinión de forma errónea, manteniéndole el tratamiento honorífico  de rey y el de reina a dª Sofía.   Sus méritos  son indiscutibles pero sus errores son tan graves que merecen no solo las sanciones de las leyes sino el más hondo reproche social, pero de ahí a quitar la monarquía hay un gran trecho que a mi juicio no está justificado, sería como eliminar a los socialistas por los errores cometidos por gobiernos socialistas, algunos muy graves o condenar a la derecha española por su pasado golpista-franquista o a los comunistas por los genocidios cometidos en el siglo XX por sus correligionarios en medio mundo.

Los que son contrarios a la monarquía piensan que es su momento, lo entiendo en los secesionistas catalanes y en los vascos que confían que derribando la monarquía  se abra una ventana de oportunidad para ejecutar su sueño imposible,  pero no en los comunistas y en los de PODEMOS que están ahora en el gobierno que rompiendo su compromiso institucional usan métodos publicitarios manipuladores contra la monarquía constitucional como el video “infantiloide”  que ha hecho PODEMOS, creando analogías entre el título “monárquicos” y la banda sonora de la serie “Narcos”, impropio de un partido que forma parte del gobierno constitucional. La indecencia del ciudadano Juan Carlos de Borbón y Borbón que fue rey constitucional, no justifica los ataques a la jefatura del Estado, o al menos que tengan la decencia de dejar primero el gobierno; yo estoy muy harto de ellos y de sus patochadas izquierdistas y confío que una vez estén aprobados los presupuestos para 2021, Pedro Sánchez tome la decisión que se merecen.

A los defensores de que este es asunto a decidir por referéndum les recuerdo que los asuntos complejos no se pueden simplificar y trasladar  la decisión a los ciudadanos, como si se tratara sólo de una consulta para saber lo que se prefiere, rompiendo el sentido profundo de la democracia parlamentaria, lo mismo pienso para la secesión, el aborto, la eutanasia, etc.. El referéndum no es para decidir nada  complejo sino para refrendar los acuerdos a los que lleguen nuestros representantes o en todo caso habrá que legislar para que  cambiemos a un sistema que podría permitir ese tipo de consultas o parecidas.

La monarquía que “creamos” los españoles en 1978  a diferencia de Cartago no merece ser destruida, pero lo será sin duda si actuamos estúpidamente como Unidas Podemos. El rey debe distanciarse de la derecha golpista y cuartelaria que lo corteja y desautorizarla antes de que el monstruo crezca más. Su padre, Juan Carlos, ya que no es capaz de tomar la cicuta debe regresar a España y recluirse preferentemente en un convento de clausura a disposición de la justicia. El PSOE debe seguir siendo el partido de Estado que sirve a los intereses reales de la mayoría social sin dejarse arrastrar a aventuras. El gobierno debe decretar el fin de todo reconocimiento honorifico a los antiguos reyes y  la regulación de la inmunidad de la jefatura del Estado que solo es razonable si se refiere a los actos  oficiales refrendados por el gobierno y nunca a los particulares, como por otra parte creo yo que es el sentido de lo que figura en nuestra constitución, pero no está mal decirlo más claro. La derecha debe cesar en su interesada “defensa de la monarquía” apropiándose  de ella para sus fines partidarios.  Y finalmente los ciudadanos debemos exigir a los políticos que se dejen de tonterías y que no nos entretengan con pamemas; que se ocupen de una vez de los problemas que nos afligen.

Si todos hacemos esos deberes la monarquía  constitucional permanecerá y los últimos cuarenta años no serán un paréntesis de paz y prosperidad, otro más, en la  torturada historia de los españoles y si no los hacemos nos habremos merecido lo que nos pase que seguro no será bueno.


viernes, 11 de diciembre de 2020

TODOS INOCENTES, LA CULPA ES DEL GOBIERNO neonormalidad 30

 

Hoy pensaba escribir sobre el futuro de la monarquía constitucional, pero tras leer el artículo de Antonio Avendaño “Juan Carlos I, la justicia te perdona nosotros no” publicado ayer en El Plural y con el que estoy básicamente de acuerdo, he tenido que tirar, literalmente, a la papelera, el borrador que tenía ya muy avanzado creyendo que era muy original; eso me pasa por ser un perfeccionista, que otros mejores que yo me pisan los artículos de actualidad. Prometo volver sobre el asunto en breve.

 Seguimos “perimetrados” en los términos municipales de nuestra residencia y con “estrictas” medidas para parar la propagación de la COVID19, pero van a relajarnos las medidas para que celebremos las fiestas como “Dios manda”, porque tras un cierto control “sólo” estamos diez veces por encima del índice IA (relación entre el número de infectados en los últimos 14 días por cada cien mil habitantes) aconsejado para considerar que está controlada la transmisión de la enfermedad en un territorio concreto, pues estamos aproximadamente a 200 cuando el objetivo  para estar relativamente tranquilos es 20, sin acordarnos que venimos de cifras escalofriantes que con las medidas vigente hemos conseguido reducir.

Comprendo a las autoridades que tienen que contrapesar los diferentes intereses en juego y es verdad que el derroche navideño  de consumo y sobre todo de compras de lo superfluo es necesario para paliar un poco el desastre de los sectores comerciales y hosteleros, y no me parece justo echarle la culpa al niño Jesús que nació en un establo. Es lo “malo” que tiene la democracia que los gobernantes se ven obligados a tomar decisiones que les permitan ganar elecciones, aunque no sean muy buenas para el futuro y claro que lamentablemente los muertos que podrían resultar de sus decisiones ya no vuelven a votar, solo los que quedan vivos, aunque algunos no me parezcan demasiado listos.

Me resulta indignante si no fuera trágico la que algunos lían buscando tres pies al gato, porque no ven claro el uso del término allegados en las recomendaciones del ministro de Sanidad, que ya es gana de hilar fino.  Con allegados  en la vida anterior a este lío, nos referíamos a todas  las personas que sin ser familiares legales sentimos cercanas y que forman parte de nuestro círculo íntimo y son con las que ordinariamente compartimos alegrías y sobre todo nunca faltan en las penas. Hace falta ser retorcido para no saber que el ministro se refería a esas personas que son imprescindibles en nuestra vida aunque no tengan ningún título legal que lo acredite; por ejemplo podría estar incluido en el epígrafe  con todo sentido invitar a nuestras mesas a cualquiera que pasara necesidad, aunque sólo sea de compañía, eso si sin superar el número de diez o el de convivientes si es superior, que todavía hay familias como la mía que sin allegados, ni otros familiares sumábamos trece y no nos daba mala suerte.

No es de muy listos estudiar las recomendaciones que para controlar la pandemia ha comunicado el gobierno de turno, sea de nuestro gusto o no, con el fin de  buscar las triquiñuelas para saltarse las limitaciones que nos molesten al objetivo  absoluto de hacer “lo que nos dé la real de la gana”, es como aquel idiota que decía que: “¡quién era nadie para decirle cuantas copas podía tomarse él¡” mofándose de las campaña de la DGT para tratar de frenar los accidentes debidos al consumo excesivo de alcohol. Hace falta ser muy idiota o muy malvado para no saber a estas alturas que  la COVID19 y el alcohol matan.

Todos tenemos información suficiente y sobrada para tomar inteligentemente nuestras propias decisiones de autoprotección frente a esta pandemia y que además protegerán a los demás en el caso de que nosotros estemos contagiados y si encima eres una persona mayor con algunas goteras y que no quieres morirte todavía pues con más motivo no hay que buscar truquitos y fallos en la norma como si no fuera a tener consecuencias. Si hemos sido prudentes hasta ahora, seámoslo más en estas fiestas.

Yo creo que detrás de todo esto hay una gran falta de responsabilidad individual de algunos y un comportamiento infantil de querer lo que no puede ser  y además ser inocente si sale mal, para lo que resulta perfecto tener a alguien a quien echarle la culpa de nuestros errores, son esos idiotas que si se incrementa la cifra de contagiados, se saturan los hospitales y se incrementan los muertos, luego con cara de niños buenos que nunca han roto un plato dirán que “LA CULPA ES DEL GOBIERNO…”. 

viernes, 4 de diciembre de 2020

NAVIDADES EN PANDEMIA. neonormalidad 29

 


Lo reconozco, soy un elitista y no suelo disfrutar tanto cuando lo indica el calendario, prefiero hacerlo siempre que tengo ocasión. Los momentos más felices de mi vida y que recuerdo  han sido muchos, he tenido mucha más suerte que Abderramán III que confesaba al final de sus días: “Fui feliz catorce días, no seguidos” y yo no recuerdo especialmente ninguna navidad, ni fin de año, ni reyes entre mis días felices, seguramente porque para mi no tenían nada de especial y probablemente porque se generaban tantas expectativas que siempre al final me resultaban decepcionantes.

Recuerdo  la felicidad de mi primer cumpleaños, era el martes 27 de mayo de 1952 y vivíamos en Ronda, donde mi padre era comandante de Artillería. Conservo una foto, que ahora no encuentro, en la que estoy visiblemente feliz con mi amigo el jardinero de la Alameda  y yo sujetando la boquilla de la manguera, me regaló también un cartucho de papel con galletas maría que me encantaban. Si alguien duda de que tenga un recuerdo tan temprano y que más que un recuerdo mío es que me lo contaron después a la vista de la foto, tengo la prueba de que recuerdo perfectamente esa época en Ronda, pues cuando nos fuimos tenía 14 meses y cuando volví en 1978 al pasar por una calle del barrio viejo tuve la sensación de que reconocía mi casa, le hice una foto y mi madre me confirmó que efectivamente lo era.

El segundo recuerdo feliz es de cuando tenía 3 años. Todavía no iba al colegio y mi padre me llevaba al Burcio, una finca que tenía arrendada a unos 1.500 metros de la estación de Hornachuelos. Como no tenía automóvil, ni moto, íbamos en el tren correo  Madrid- Cadiz que salía al atardecer de la estación de Córdoba, con retrasos habituales de unas dos horas, luego tardaba casi dos horas en hacer los 40 kilómetros pues se detenía en cuatro estaciones y algún apeadero para entregar y recoger correo y por eso esa noche debimos llegar muy tarde pues me dormí en el tren y luego mi padre me llevó sobre sus hombros hasta el cortijo en medio de un  silencio sobrecogedor. Aunque cuando llegamos ya era después de medianoche cenamos conejo con tomate y patatas fritas que nos había preparado Mártires, la mujer de José el encargado, luego  para remate dormí con mi padre en la cama de matrimonio, mi último recuerdo de ese día feliz fue que mi padre se durmió antes que yo y roncaba como sólo él era capaz de hacer.

Por eso no entiendo la obsesión de ser felices  a la fuerza o de que para ser feliz en Navidad haya que celebrar una fiesta y cuanto más numerosa mejor. Mi familión  ha sido muy de grandes reuniones navideñas alrededor de mi madre  hasta que esta falleció el año pasado. Ella costeaba el alojamiento y manutención de todos, más de 40, en algún hotel rural cercano a Córdoba durante casi  tres días y sin duda ha sido un  elemento de cohesión familiar fundamental, además de que lo pasábamos divinamente poniéndonos al día y conociendo un poco mejor a los sobrinos y sobrinietos más alejados. Esta costumbre que considero muy  necesaria a medida que las familias son cada vez más pequeñas y abundan las solterías, tratábamos de mantenerla este año hasta que la maldita pandemia nos lo ha puesto muy difícil; pese a ello, de forma reducida y cumpliendo la normativa algo hará mi familia estas fiestas.

Lola, mi mujer, y yo hemos decidido este año ser muy prudentes y no asistir a ninguna reunión  familiar navideña y permanecer en la Antilla, que es una entidad playera del municipio de Lepe que en verano tiene muchos veraneantes pero que ahora está prácticamente vacío y en su playa de más de 20 kilómetros no tienes más de una docena de personas a la vista, ideal para estar confinado y pasear tranquilo por lugares donde no hay nadie. Sé que a mis nietos no les hace gracia, pero estoy seguro que lo entienden y así se lo explicamos el pasado fin de semana que con motivo de ir al médico  especialista y a sacarme una muela, celebramos una pequeña reunión familiar al aire libre porque hacía un sol estupendo que permitía mantener una distancia razonable. Y mis hijos saben que con la edad que tenemos es lo más prudente.

Lola y yo somos biólogos y ella sobre todo sabe de inmunología y está claro que la COVID-19 está producida por un virus muy peligroso y las vacunas que vienen son muy esperanzadoras pero falta tiempo, bastantes meses, para disponer de ellas en número suficiente para testarlas en todos los segmentos de población y garantizar una inmunidad significativa. No es que desconfiemos de las vacunas, es que sabemos qué son las vacunas y para qué sirven. Somos fervientes creyentes  en la ciencia y  en la capacidad de encontrar la solución  a esta enfermedad, pero todavía estamos lejos de alcanzar la inmunidad colectiva que se necesita, por eso seguimos las instrucciones de las autoridades sanitarias, en nuestro caso de la Junta de Andalucía, porque  no hay una solución individual a una pandemia.

Me sorprende mucho que a raíz de las recomendaciones dadas por las autoridades tratando de limitar las desplazamientos y las reuniones en sitios cerrados, pareciera que es posible y razonable celebrar estas navidades con aglomeraciones y derroches como siempre, como si el virus no fuera a infectarnos porque seamos menos de 10 en las reuniones, cuando el sentido de lo recomendado es que no nos juntemos no convivientes, si no es necesario o imprescindible y claro que juntarse en navidad no es nada de eso. No hay ninguna medida más segura de prevención que no reunirse con nadie no conviviente hasta que todos estén vacunados y todo lo demás son aventuras con riesgo. Ya sé que vivir es arriesgado y que para contagiarse basta solo estar cerca de alguien infectado y eso puede suceder simplemente yendo a comprar al supermercado o cruzándose con alguien, pero juntarse con parientes que viven en distintos lugares en recintos cerrados durante horas sin necesidad me parece arriesgado, porque actuando así, te puedes contagiar  de una enfermedad que de momento no tiene cura, pudiendo evitarlo.

Entiendo perfectamente a quienes tienen necesidad de ese contacto humano personal en estas fechas señaladas en el calendario, pero no es mi caso. Mis lazos familiares no van a deteriorarse porque no me reúna este año con ellos  y desde luego mis hijos, mis nietos y los amigos que a veces nos han acompañado en nochebuena, navidad o fin de año vamos a seguir teniéndonos el mismo afecto, porque los lazos son permanentes y estamos manteniendo el contacto durante todo este tiempo gracias a las comunicaciones digitales.

Así que, amigos, celebremos la Navidad en los grupos de convivencia en los que estamos y dejemos las efusiones colectivas para cuando sean posibles. Vivir es lo importante.