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martes, 29 de marzo de 2022

BREVERÍAS 41: EL SÁHARA Y YO.

 



Los españoles deberíamos de escribir siempre Sáhara con tilde pues para nosotros es una palabra esdrújula y estas casi siempre deben llevar tilde y no la moda actual de considerarla llana,  como los ingleses o franceses. Creo que  para los nacidos en tierras que fueron del antiguo califato almohade nos resulta más lógico decir sájara como suena  en árabe. Si, hubo un tiempo en que casi desde los Pirineos hasta Tombuctú y desde el golfo de Sidra hasta el cabo Bojador hubo un imperio originado por nacidos en el hoy disputado Sáhara occidental o muy cerca.

Ese trozo de África le fue adjudicado al reino de España en 1885 en la conferencia de Berlín: no fue realmente colonizado por los españoles hasta después de nuestra guerra  civil y cuando España consigue al fin entrar en la ONU en 1955 y se da cuenta que ese territorio está en la lista de los que hay que descolonizar, lo transforma en 1958 en la provincia numero 53 con capital en el Aaiún con lo que sus habitantes pasan a ser españoles eso si con pocos derechos, más  o menos como los que teníamos el resto de los nacidos en España. En julio de 1974 me incorporé de manera obligatoria a  hacer el servicio militar  y ya se oía que en el Sáhara había lío, pero cuando mi querido compañero y amigo de la infancia, el joven teniente Juan Álvarez Aragón murió en “acto de servicio” en aquellas lejanas tierras el 18 de julio de 1975, supimos que  lo mismo teníamos que ir a la guerra de verdad e incluso hicimos unas maniobras en los llanos de Facinas en la provincia de Cádiz para prepararnos.

Ya licenciado del ejército de tierra, en el otoño de 1975, de la noche a la mañana y tras una marcha pacífica de miles de marroquíes conocida como la marcha verde , el gobierno de España entregó el territorio  y sus habitantes al Reino de Marruecos y a Mauritania. La parte de los saharauis partidarios de la independencia encabezados por el Frente Polisario ( Frente Popular por la Liberación de Saguía el Hanra y Río de Oro), huyeron hacia Argelia y se establecieron en unos campamentos provisionales cerca de la ciudad de Tindouf, bajo la protección de la ONU, donde todavía siguen muchos de ellos sin que la ONU haya conseguido que puedan ejercer el derecho  a la autodeterminación que tienen reconocido internacionalmente.

Conozco un poco Marruecos y tengo algunos buenos amigos desde hace unos 25 años y brevemente disfruté de la hospitalidad de la simpar  escritora Fatema Mernissi en su casa  de Rabat, cerca de la playa . Como eran amigos, fui impertinente y ellos educados consiguieron explicarme porqué los marroquíes consideran el Sáhara occidental como propio, al igual que los españoles consideramos Gibraltar o Cataluña parte de España. Luego están las razones históricas y por supuesto la realpolitik como decía Bismark, en la que mandan los intereses y no los principios, ni mucho menos los deseos. Para Marruecos y para  muchos  ese territorio no debe ser nunca un estado porque no sería verdaderamente independiente en la guerra continua que vivimos y más ahora con el peligro yihadista que avanza imparable por esa zona, en la que antes campeaban libres las tribus nómadas sin tener en cuenta las fronteras artificiales rectilíneas, que en los mapas coloniales dividían el océano de arena y piedra que se extiende desde nuestro Sáhara hasta el Mar Rojo, sencillamente porque como decía mi bisabuelo El Guerra parafraseando al gran Talleyrand: “Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”.

Conozco a fondo el libro  Estudios saharianos de Julio Caro Baroja que investigó rigurosamente como era el Sáhara español y sus habitantes antes de la colonización y que debería ser  de estudio obligatorio antes de hablar de esta materia, aunque suele ocurrir que la mayoría lee estos estudios y solo observa lo que puede favorecer sus argumentos.

Del 16 al 30 de enero de 2009 estuve en la wilaya de Auserd, uno de los campamentos de refugiados, como profesor cooperante  en el colegio Madrid acompañando a  15 alumnos de mi facultad de Educación y pude ver la dignidad en la que vivían  pese a llevar más de 40 años allí manteniendo el deseo  de trasladarse a su tierra que saben ocupada ahora por   colonos marroquíes y  muchos saharauis que no se fueron al llegar la marcha verde y que nadie ha sabido  o querido explicarme cuántos se fueron y cuántos de quedaron.

Si yo fuera un refugiado tras casi 50 años de provisionalidad no lo dudaría y volvería a mi tierra con los míos y luego ya veríamos, porque estar en un campamento no es vida y posiblemente me sentaría mal que España estuviera ahora más cerca del rey de Marruecos que del Frente Polisario, pero a mi me preocupan solo las personas y como soy español creo que España, pase lo que pase y desde ahora, debería de ofrecer a todos los refugiados de esos campamentos en Argelia la nacionalidad española por si lo desearan, razones de todo tipo hay para hacerlo, o la residencia permanente como apátridas.  Es un deber que tenemos con ellos.

martes, 22 de marzo de 2022

BREVERÍAS 40: ¿PIOVE?, ¡PORCO GOVERNO!

 



Con el “pretexto” de la  corrupción en el PP va Pedro Sánchez   en mayo de 2018 y plantea una moción de censura, conforme al artículo 113 de la Constitución española todavía vigente, creo, y como  tiene suerte, va y la consigue  con apoyo de “rojos y separatistas” sin tener en cuenta que eso no puede ser, que a “los españoles de bien” no les parece correcto y por eso lo declararon  desde el principio “presidente ilegítimo”. Como nadie le apoyaba los presupuestos del gobierno para 2019, el presidente “okupa” va y convoca elecciones generales para abril  y aunque consigue ser la primera fuerza política nadie lo deja gobernar, “los de bien” porque tienen mal perder y los otros porque quieren mandar sin ganar y nuestro pobre presidente “ilegítimo” tiene que volver a convocar elecciones en noviembre y ¡oh milagro!, ironías del destino, ahora si consigue pactar con Unidas Podemos  pero con menos escaños de los que tenían en abril y con la derecha crecida y muy cabreada, como es lógico y natural en ella,  muy preocupada por el bien de ¡España! de la que tienen el monopolio  excluyente del querer y cuya bandera utilizan sin mesura hasta en sus casas a veces durante años, sin ningún respeto para un símbolo constitucional, como se puede ver en la foto de la bandera de un vecino tras dos años a la intemperie, que digo yo que debería intervenir la fiscalía con la misma premura que se usa en otros casos.

Entramos pues en 2020 con un  gobierno “social-comunista” y con una crispación política cercana a la revuelta que solo la derecha española sabe crear cuando gana la izquierda, pero yo seguía creyendo entonces que se impondría el sentido común democrático de respetar al gobierno investido constitucionalmente y los demás se dedicarían a construir España desde la leal oposición. Pero como la alegría dura poca en la casa de los rojos, no pudo ser porque entró el virus chino para confirmar que toda realidad pésima se puede empeorar sin límite. El gobierno “asesino” que no fue capaz de impedir la pandemia como era su obligación, tiene la suerte  de que los tribunales son lentos y tardan mucho en resolver los pleitos justos  que tratan de impedir que los okupas  cercenen las libertades de los españoles que además en el colmo de la falta de patriotismo les da por vacunarse y se controla tanto la enfermedad como sus consecuencias económicas, claro que con la promesa de ayuda europea que la leal oposición   inmediatamente y llena de patriotismo trata de torpedear en la UE.

2021 se inició  con la rebelión de Trump y con  la enorme tormenta Filomena que heló media España, sin que  el gobierno incompetente consiguiera acabar con ella, con lo fácil que es, según la leal oposición. Luego vinieron los incendios del verano, con una violencia inusitada, todos por culpa del gobierno y en medio la vergonzosa salida de Afganistán donde no deberíamos estar, aunque se nos olvide que eso no era culpa de los okupas social.comunistas y que tuvimos que salir a la prisa corriendo, por la torpeza de otros, los Estados Unidos, pero de nuevo Pedro Sánchez consigue salir airoso, de momento; pero debió de provocar a la naturaleza porque  el 20 de septiembre estalló un volcán en la isla de la Palma, mientras en la península la Dana desbordó ríos y anegó ciudades. Aunque el gobierno insistía en que lo del cambio climático va en serio, no es excusa, se siente. Entonces pensé, tonto de mí, que ya solo nos faltaba un MAREMOTO para rematar el desastre porque si no para que el gobierno había previsto esa tontería de los planes de prevención, si no es porque estaba preparando uno, dios sabe cómo, para tapar sus errores.

Sin darnos cuenta  estábamos en 2022 y como la electricidad y los combustibles subían sin parar no tuvieron otra los okupas que provocar a Putin para que atacara a Ucrania y así además de desviar hacia un enemigo exterior los justos ataques de los ciudadanos afectados por su mala gestión,  conseguían su auténtico objetivo que no es otro que “forrarse”  con los impuestos como bien denunció el nuevo y “moderado” líder  del PP, haciendo de apoyo externo, como es lógico, a los movimientos desestabilizadores  de los patriotas cercanos a VOX que como es sabido nunca fueron partidarios de Putin, ni recibieron ningún apoyo de él, nunca, nunca, nunca.

Pues a Pedro Sánchez todo esto ha debido parecerle poco lío y  viendo que la lluvia puede aliviar un poco la situación de sequía en la que estamos, no ha tenido otra que soliviantarnos un poco más, a ver si así revienta la situación, con una especie de cambio   del “tradicional” apoyo de España al Frente Polisario, de boquilla por supuesto,  a otra política más alineada con EEUU y nuestros aliados que es un asunto al que se dedicarán libros una vez se sepa el literal de la carta que envió a Mohamed VI y que este tan gentilmente nos ha transcrito algunos párrafos. Yo sé desde hace 13 años que el antiguo Sáhara Español nunca podrá ser independiente, que Gibraltar nunca será español,  ni Mónaco una base china, ni Ucrania parte de la OTAN. Eso sí de todo, sea como sea, tiene la culpa el gobierno, como afirma  la famosa frase  italiana que titula este artículo:  “¿Está lloviendo?,¡cerdo gobierno!.

jueves, 17 de marzo de 2022

BREVERÍAS 39. YO ESTOY EN GUERRA CONTRA PUTIN



Tras veintidós días de ataques terribles del ejército ruso contra Ucrania y sus ciudadanos con la intención de arrasar sus ciudades y matar a los que sean necesarios para que se rindan, lo siento,  ya no es hora de medias tintas, como decía Borrell en el Parlamento Europeo hace muchos días: “Cuando un potente agresor agrede sin justificación alguna a un vecino mucho más débil, nadie puede invocar la resolución pacífica de los conflictos. Nadie puede poner en el mismo pie de igualdad al agredido y al agresor. Y nos acordaremos de aquellos que en este momento solemne no estén a nuestro lado”. Por eso hoy declaro formalmente que YO ESTOY EN GUERRA CONTRA PUTIN, no contra Rusia y mucho menos contra los rusos que son las primeras víctimas de ese dictador criminal y que no pararé hasta que sea detenido y llevado ante el Tribunal Penal Internacional para responder de sus crímenes contra la humanidad.

Europa es mi patria porque es el único ámbito en el  que puedo estar libre y seguro en el complicado mundo intercomunicado en el que vivimos;  a pesar de mis sentimientos ni Andalucía, ni España me aseguran hoy la libertad, la seguridad y el futuro honroso que necesito. Claro que me  gustaría que ya fuera realidad lo que cantaba,  bastante regular por cierto, en los actos socialistas al principio de la Transición democrática, cuando acabábamos con La Internacional: “El hombre del hombre es hermano/ derechos iguales tendrán/ la TIERRA será el paraíso/ PATRIA DE LA HUMANIDAD” . A este concepto patriótico ya dediqué  un artículo hace dos meses en el que denuncié el peligro de perder nuestras libertades  en un mundo multipolar gobernado por la rapacidad capitalista y  dictadores  en el que la voz de Europa a favor de los derechos humanos y el libre comercio no estaba acompañada  de una fuerza disuasoria a la medida de nuestro poder económico real.

Hoy me siento como los alcaldes de  Móstoles que en mayo de 1808 testigos de las atrocidades que los invasores franceses estaban cometiendo contra el pueblo de Madrid, hicieron un bando llamando a la guerra contra el ejército invasor que enviaron con mensajeros  por toda España. Yo, hoy escribo este artículo con mi grito contra  Putin en la confianza de que muchos se sumarán a la lucha contra el invasor de nuestra patria. No hay que esperar a que las bombas destruyan las ciudades de España ni que maten a nuestros seres queridos para levantarse contra la agresión a tu patria, el valiente pueblo de Ucrania con su resistencia nos está dando tiempo para responder y deberíamos hacerlo con contundencia.

Soy un convencido de que la guerra o la violencia no es el camino para resolver los conflictos y en mi vida como responsable público fui un negociador incansable  hasta con manifestantes violentos, pero con la misma convicción creo que si te atacan tienes el derecho a defenderte de manera proporcionada,  se llama derecho a la legítima defensa que está reconocido  en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, y eso es lo que está haciendo el pueblo de Ucrania al que apoyo con todas mis fuerzas contribuyendo a la atención de los millones de refugiados como socio de ACNUR, UNICEF y CRUZ ROJA y si me admitieran iría a luchar a esas lejanas tierras en los confines de mi patria, recordando con honor a los brigadistas internacionales que ayudaron a frenar a los golpistas en 1936, sobre todo a los ucranianos de la compañía Tarás Shevchenco  que heroicamente dieron su vida en Brunete derrotando a la sanguinaria caballería marroquí.

Si mañana el gobierno de Ucrania, al que estamos ayudando cobardemente muy poco, acepta un acuerdo con Putin para acabar la matanza lo comprenderé, a la fuerza ahorcan, y hasta me alegraré por frenar tantas muertes, pero yo continuaré  en guerra hasta conseguir que Putin sea juzgado  y Europa, mi patria,  hoy medrosa y deshonrada, pueda tener la fuerza suficiente para disuadir a todo tipo de agresores porque como escribió Cervantes en el capítulo 58 de Don Quijote: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; POR LA LIBERTAD así como por la honra se puede y se debe aventurar la vida,…”
Grabado de Goya serie "los horrores de la guerra"

domingo, 13 de marzo de 2022

BREVERÍAS,38. SOY VIEJO,¿Y QUÉ? -2

 



 He tenido el privilegio de ser un niño que disfrutó de la compañía de varios familiares ancianos que fueron independientes hasta el final de sus vidas. Mi abuelo Enrique enfermó de cáncer   a los 69 años  y   charlaba con él mientras jugábamos al ajedrez, con 10 años le  compraba tabaco que tenía prohibidísimo, guardaba el paquete y  le daba los cigarrillos de uno en uno y el fuego; de él aprendí a tratar con respeto a los niños, disfrutando de su compañía y a establecer complicidad con ellos; lo mismo que de mi abuela Pilar que cuando se quedó sola prefirió que yo con 12 años me fuera a dormir con ella en vez de una de las nietas más mayores, sabía que no me iba  a meter en lo que hiciera o dejara de hacer, sobre todo en la comida porque era golosa y tenía diabetes, a cambio yo gocé de espacio y libertad en el inicio de la pubertad; ella gobernaba sus intereses y administraba su dinero hasta el final con 87 años. Mi abuelo José María murió cuando yo tenía poco más de 3 años así que solo recuerdo que me hacía cosquillas con la barba y de mi abuela Juana recuerdo mucho más pues yo tenía ya 18 años cuando falleció a los 77  y de ella aprendí el sentido de la justicia, aunque la contienda fuera entre adultos y niños, tratándonos siempre como personas, sin blandenguerías pero con cariño; aunque no tuve mucha relación con ella pues sus últimos años coincidieron con mi juventud de estudiante en Sevilla, aprendí lo importante que es tener cerca a los hijos en la vejez , aunque para ello debas hacer lo necesario para acercarlos, eso sí,  gestionando tus asuntos hasta el final, pidiendo sólo la ayuda que necesites.

Aunque quería mucho  a Cristóbal, mi padre, no sufrí su largo final a los 74 años porque yo no vivía en Córdoba, solo recuerdo  que estaba muy deteriorado y en una de las visitas me pidió ayuda para acabar su sufrimiento, creía firmemente en la vida eterna y estaba deseando irse. Mi suegra Pilar que se comportó conmigo como una madre falleció a los 65 años  y la vimos deteriorarse a  causa de la diabetes, tuvo la suerte de que su marido la cuidara  toda la vida y de ella aprendí a ser dócil  y cariñoso con quienes te cuidan y no huraño y gruñón como es mi naturaleza. Luego fue Guillermo, mi suegro,  que se quedó viudo a los 65 años y decidió seguir viviendo solo en el pueblo. Nos visitaba a menudo con su coche, un R-5 que conservo; estaba unos días que se hacían cortos. Era un buen conversador, impenitente lector y amante de la música clásica, y le gustaba  viajar con nosotros contribuyendo a los gastos con generosidad. Con él estuvimos en muchos lugares de Europa.., y se encargaba de sus nietos con alegría. Cuando ya no pudo vivir solo, se vino con nosotros  a los 85 años y aunque extrañaba su casa y estaba desorientado, era buena compañía, pero al final  el deterioro cognitivo y que yo trabajaba a diario en Córdoba no nos permitía encargarnos de  su cuidado  y el 28 de agosto de 2008 lo llevamos a una residencia cercana y aunque mantuvo el tipo, no fue feliz allí y solo deseaba  acabar con aquella vida que ya no tenía sentido para él, de hecho de vez en cuando me decía: “Juan, tu no podrías hacer algo para acabar esto”  y es que por muy desorientado que estaba  se daba cuenta que no tenía sus cosas, que ya no podía leer porque no entendía esos garabatos negros, y la radio que tenía era incapaz de manejarla, con lo que le gustaba Radio Clásica de RNE. Ya estaba mal y no quería comer, ni salir de la cama por lo que me acerqué temprano el 1 de noviembre de 2011 por ver si  lo animaba ya que a mi si me reconocía; estuve con él en su habitación sentado al lado de su cama  y con su mano cogida, porque le gustaba el contacto, mientras intentaba una y otra vez  hablar sacando todo tipo de temas sin éxito, por lo que le pregunté que si quería algo y mirándome con tristeza me dijo: “Gracias, pero vete y déjame tranquilo”, se dio la vuelta y  acurrucado, como le gustaba dormir, al rato había expirado tranquilamente. Aprendí  entre otras muchas cosas que yo  nunca iré voluntariamente a un asilo.

Finalmente tuvimos la suerte de disfrutar de Carmen, mi madre, hasta los 97 años y en sus 30 años como viuda desplegó todas sus artes para liderar una gran familia que controlaba  desde el cariño y la generosidad. Siempre estaba al tanto de todos y de todo, repartió cuanto pudo, administró su dinero y su vida con mucha inteligencia y fue delegando a medida que lo necesitó. Ella sin duda era una líder nata, enormemente inteligente e imposible de imitar pero en su memoria procuro ser orgulloso, protestón, generoso y cuidadoso de  mi aspecto, como si fuera a visitarla, porque como ella decía: “ Si de joven hay que arreglarse para gustar, de viejo es para no desagradar”.

Estos han sido mis modelos de vejez sobre los que debo construir la mía. Continuará…

martes, 8 de marzo de 2022

BREVERÍAS 37. SOY VIEJO, ¿Y QUÉ? -1.

 



Inicio una serie de breverías sobre la vejez inspirado por el libro de Anna Freixas “YO, VIEJA” que me ha impactado, incluso puede que tome de él palabras prestadas, porque  realmente gran parte de su contenido pensado desde un punto de vista feminista para las mujeres, sirve también para los hombres,  que como ellas nos adentramos en la vejez con ganas de vivir pero con una vaga sensación de que ya sobramos y por eso recomendé y recomiendo la lectura de ese libro.

Yo vivía tan feliz en lo que se considera una vejez activa, quizá demasiado activa por mi odiosa manía de tener una vida “productiva” con una agenda  muy ocupada donde no haya lugar para el puro entretenimiento. El tiempo se me pasaba sin darme cuenta: estudiando, leyendo, escribiendo y saliendo mucho a conciertos, museos, organizando reuniones de amigos y compañeros, excursiones, muchos  viajes y ayudando en el cuidado de los nietos, cuando de pronto la parca “mandó parar”. Era una  pandemia y con casi 68 años lo prudente era quedarse en casa, que de repente se había quedado vacía al abandonarnos los dos nietos mayores que llevaban meses alojados con nosotros, mientras sus padres se abrían camino en nuevas aventuras laborales. Al principio estuvo bien estar recluido y encontré el tiempo perdido  por el exceso de ocupaciones que me había autoimpuesto por mi manía de ser productivo que me obligaba a emplear todo el tiempo libre que  la jubilación me daba, pero a la vez mis hijos, siguiendo las recomendaciones sanitarias, decidieron protegernos y encargarse del avituallamiento y fue entonces cuando empecé a sentir que era viejo de verdad, porque de golpe me había hecho  dependiente.

Verás, ser viejo con posibles y bien acompañado no está nada de mal, no tienes jefes que te incordien, solo tienes que contentar a la pareja que te acompaña desde hace medio siglo y  que en correspondencia te contenta a ti y procurar en la medida de lo posible no molestar demasiado a los familiares y amigos que suelen aguantarte, aunque a veces  te parezca que seas tú quien los aguantes a ellos. En resumen no  está mal, nada de mal, incluso muy bien, porque ya nadie espera nada de  ti y si estás bien de salud realmente no necesitas de verdad nada de nadie. En nuestro caso las ayudas que prestamos a hijos y nietos son voluntarias  y nos las agradecen cumplidamente, nada que ver con esos abuelos explotados que abundan y que no pueden hacer su vida. Pero empieza uno a percibir signos inquietantes: los hijos e incluso los nietos te dicen que tengas cuidado al coger pesos, algunas jovencitas se levantan en el metro para dejarte su asiento, la enfermera que te pone una vacuna dice que te descubras “el bracito”, la cajera te habla alto  y a veces te ayuda a llenar las bolsas, señales inequívocas de que te ven como un viejo necesitado de ayuda y hasta ahora no es para molestarse porque la intención que tienen es buena, pero te mosquea un poco.

Sólo la  indudable cercanía de la muerte, la frecuencia de los achaques y las cada vez más frecuentes ausencias de seres queridos, ensombrece un poco esta etapa final de la vida que por lo demás inicié jubilosa e ilusionadamente y que me apresto a afrontar con ilusión y esperanza.  La muerte sin duda es el destino de nuestra vida  en la que nos iniciamos sin experiencia y  terminaremos cuando sea el final. Una vida que hemos desarrollado con mayor o menor  fortuna, aprendiendo las más de las veces gracias a los errores que vamos cometiendo y un poco a las enseñanzas de las personas con las que hemos convivido, porque ciertamente lo vivido nos ha marcado mucho más que los sermones y discursos con los que han querido ilustrarnos hasta aburrirnos, sin casi dejarnos huella. 

Espero poder hablaros de muchas cosas a las que le doy vueltas  sin que a estas alturas  lleguen a inquietarme, desde la muerte, a la que espero sin ansiedad ni miedo, a los defectos que nos impiden disfrutar y  hasta los deseos que me acompañan. En primer lugar recordaré a los modelos de los que he aprendido, que son los ancianos que he conocido y querido, algunos ya os son familiares, porque gracias a ellos creo que sé como llevar bien la última etapa de la vida, o eso creo…continuará

miércoles, 2 de marzo de 2022

BREVERÍAS 36: MI ABUELO ENRIQUE- 3

 



A veces voy de paseo con mis nietos por el campo que linda con muestro barrio, entonces recuerdo que algunas mañanas de hace unos 60 años yo también  iba de paseo por el campo con mi abuelo Enrique  al que acompañábamos a las visitas que hacía al cortijo que estaba aproximadamente a un kilómetro y medio, o a ver la siembra de garbanzos o a supervisar las labores que se hacían en el olivar. A veces nos llevaba de excursión por el gusto de enseñarnos algunos lugares que a él le gustaban especialmente y que en mi memoria se confunden con el paraíso, como el prao Bares o los montes Pirineos que era una zona con vegetación frondosa principalmente de encinas y que tenía bastante pendiente. Todo nos gustaba y él  respondía a nuestras preguntas o nos daba conversación. Esa era una de sus características, que le gustaba conversar con los niños y adaptaba sus respuestas a nosotros, a diferencia de otras personas mayores que siempre estaban muy ocupadas o solo te reñían, él parecía que te escuchaba con atención como si fueras importante.

De campo sabía mucho y le gustaba, como era perito agrícola disfrutaba conversando con mi padre que aunque era un labrador experto solía consultarle cosas para oír su opinión. Recuerdo que discutieron sobre una iniciativa que tomó mi padre de sembrar pimientos para unos conserveros de Murcia, temía que ese cultivo no se iba a dar bien en Córdoba por el exceso de calor,  pero como fue un éxito   le dijo que a partir de ahora él sería el que tendría que consultarle. La verdad es que se llevaban muy bien, lo que a mi me encantaba.

No todas las bellotas  de las encinas son dulces,   es más, en mi experiencia la mayoría no lo son; esto sigue siendo para mí un misterio que desde luego los pastores y los lugareños sabían perfectamente y que guardaban celosamente para hacernos rabiar. Uno entra en un castañar y todas las castañas están buenas sin embargo no es así en un encinar. Mi abuelo tenía localizada una encina que daba las bellotas más ricas que recuerdo, desde luego que él esperaba a que cayeran maduras y regularmente iba recogiéndolas; las guardaba en un cajón de su despacho y como recuerda mi hermana María del Carmen de vez en cuando te premiaba con “una dulce y exquisita”.

Esta maravillosa relación campestre se vino abajo a causa de un tumor cerebral sin solución,  que lo mantuvo en Córdoba mucho más tiempo del  que él deseaba. Fueron algo menos de dos años en los que pasé muchos ratos jugando con él al ajedrez, leyéndole el periódico y contándole cosas que se me ocurrían. De esa época recuerdo sobre todo que me hice su cómplice para que pudiera fumar de vez en cuando, saltándose la estúpida prohibición absoluta que habían decretado los médicos y de la que su Juanita era cancerbera. Compraba en el estanco un paquete de Antillana, que era un tabaco canario con olor  agradable y papel dulce, lo sé porque como era el custodio del tabaco empecé a fumar con 9 años, claro que a escondidas en una de las revueltas de  la calle obispo Fitero, porque la primera vez lo hice en una calle transitada y un mayor me echó una buena bronca. Tenía un buen escondite para el paquetillo y las cerillas y cuando la abuela había salido o estaba muy ocupada le daba uno en el patio y yo encendía la cerilla.

Su salud fue empeorando hasta que el domingo 3 de noviembre de 1963 por la mañana falleció, yo tenía 11 años y 5 meses y estaba en el pasillo  esperando el desenlace mientras en su dormitorio le acompañaban sus mujer e hijas, noté como expiraba  y me asomé a hurtadillas para verlo; me pareció que giró sus ojos para despedirse de mí. El duelo familiar fue intenso y como  la abuela no era  aficionada a la música, prohibió ver la televisión en el único aparato que entonces había en la familia y que se había comprado precisamente para entretenerlo ya que no podía salir. Menos mal que asesinaron a Kennedy el 22 de noviembre y pudimos verlo en la tele, eso sí la prohibición musical continuó vigente mucho más tiempo.

Seguí fumando, e incluso mi padre me cogía cigarrillos cuando de noche se quedaba sin tabaco. El olor del tabaco me lo recordaba y luego  a los 13 años me arreglaron un magnífico traje de chaqueta, tipo embajador, decían,  que le había pertenecido pero que  afortunadamente no  podía servir para los nietos más mayores porque tenía una quemadura de cigarrillo bastante grande que obligaba a recortar la chaqueta. Yo iba orgulloso con su traje que me hacía muy mayor. Ahora, su recuerdo creo que me enseña a ser un mejor abuelo.

viernes, 25 de febrero de 2022

BREVERÍAS, 35. WORDLE Y LA SUERTE

 


Tras haber predicado hace 5 semanas sobre la necesidad de disponer de un ejército europeo capaz de defender nuestras libertades hoy pienso escribir sobre la suerte que tengo. Lo pensé ayer tras darme cuenta de que algunos opinadores corrieron a  proclamar su  pacifismo en vez de denunciar la agresión rusa a  un país europeo con el argumento de que esto es lo que hemos hecho los europeos y los estadounidenses otras veces.  Pues bien, los rusos en un magistral ejercicio de guerra relámpago ya están en Kiev tras derrotar a un inútil ejército ucranio, como ocurriría en cualquier país europeo actual  sin bomba atómica, sometido a un ataque semejante. Avergonzado por la respuesta europea, porque como decía Antonio Muñoz Molina en  Todo lo que era sólido, su clarividente ensayo de 2013, “Cuando la barbarie triunfa no es gracias a la fuerza de los bárbaros sino a la capitulación de los civilizados” paso a hablar de la suerte.

Soy un hombre con suerte por no vivir en Ucrania, por tener casi 70 años y no haber vivido el horror de la guerra civil, ni sufrido como muchos sus terribles consecuencias, por tener la mejor familia posible y los mejores amigos, por ser querido y también porque tengo suerte en los juegos de azar, no creo que haya muchas personas a las que les haya tocado dos lavadoras en sorteos y 10.000 euros por cada euro en un décimo de la lotería.

En el verano de 2021, Josh Wardle creó un juego  de palabras para su mujer, se trataba de acertar una  de 5 letras en 6 intentos como máximo, cada día una palabra que el programa elegía al azar y sin límite de tiempo para acertarla con un mecanismo sencillo para ir corrigiendo los errores. En inglés hay más de 12.000 palabras de 5 letras, pero él solo dejó las más corrientes, unas 2.500.  Es el conocido juego WORDLE, que tras el éxito en el wasap familiar siguió extendiéndose por la redes sociales basado en su sencillez de uso y en que solo ocupa unos minutos al día, pues una vez consumidos los seis intentos no puedes jugar hasta el día siguiente y a un mecanismo sencillo de emulación que permite compartir el resultado sin desvelar la palabra.

En enero Daniel Rodríguez, en dos ratos hizo la versión española, más sencilla porque solo eligió las 500 palabras más comunes, El 12 de enero mi hermano Cristóbal introdujo el juego en el chat familiar  y también fue un éxito, tanto que el 19 de enero lo pasé a un chat de amigos y rápidamente todos lo hacían y compartían su resultado. Tuve la suerte de  acertarla a la primera el segundo día, y aunque el cuarto día agoté mis seis intentos, como el trece también lo acerté a la primera, inmediatamente algunos bromearon con  que hacía trampas por más que explicara  mi historial de suerte y que para decidir la palabra del primer intento me concentraba a fondo con los ejercicios que aprendí para realizar viajes astrales, si esos que te dan la facultad mental de viajar en sueños a donde tu desees, y que practiqué hace años viajando a las ciudades que me gustan, hasta que un día me asusté un poco porque llegué a verme a mí mismo durmiendo, es decir dos yos en la misma habitación y ese desdoblamiento no me hizo gracia por razones obvias.

Anteanoche, ya casi recuperado del resfriado que ha disminuido mis aciertos mucho, dormí demasiado abrigado y con tanto calor tuve un sueño largo con persecución  automovilística incluida, y casa con pasillo kilométrico donde una persona querida ya fallecida nos preparaba una comida, por cierto que la mesa la ponía una amiga afortunadamente muy viva. Al despertar tenía la palabra huerto en la cabeza, seguramente porque la ausente adoraba los huertos y cuidaba con primor el suyo; me apresuré  a ponerla en wordle sin ser consciente de que era de seis letras y no entraba, pero claro a continuación puse la palabra de 5 letras más parecida, huevo, y acierto oficialmente a  la primera, con el consiguiente nuevo oleaje de incredulidad.

Como  estoy leyendo el ensayo NADA SE SABE  que un joven Francisco Sánchez escribió en el siglo XVI, decidí investigar cuanta suerte de verdad tenía en este juego analizando los datos disponibles hasta el momento, primero repasando mis resultados de 41 días y efectivamente dan que cuatro veces lo acerté a la primera, que si tenemos en cuenta que una vez no acerté en las seis tiradas, dan un porcentaje del 10%, muy superior al de otras personas  y sobre todo si tenemos en cuenta que en la estadística que hace Twiter sobre los resultados publicados en su red  dan que es 10 veces superior al 1% que resulta de los 309.356 casos recogidos en su estadística. Me asusté pensando que era demasiada suerte para un juego de palabras, así que seguí dándole vueltas y observé que por el contrario tenía menos porcentaje que la media en  resultados en  2,3, 4 y 5 intentos a modo de compensación estadística. Me puse a buscar una media que pudiera hacer comparable mi experiencia personal con la colectiva y la hallé calculando el resultado medio de mis 40 juegos que es del 3,325, muy ligeramente mejor que el 3,47 de media en los 309.356 casos recogidos por twiter. O sea que en realidad no tengo tanta buena suerte como creía, ni necesariamente mis aciertos se deban a hacer trampas, aunque quizá tenga alguna rara facultad de adivinación sobre la que no me atrevo a seguir especulando.